Peñíscola, destino gastronómico

Un buen plan para esta Semana Santa puede ser Peñíscola. Si el tiempo acompaña, la estancia en uno de los hoteles en Peñíscola puede ser de lo más gratificante y reconfortante, perfecto para relajarse del estresante día a día del resto del año.

Peñíscola, además de sus playas y sus atractivos, posee un hecho esencial que lo hace diferente –aunque a la vez igual- al resto de la costa mediterránea. Se trata de su propia gastronomía, única y especial.

La tradición marinera y la riqueza de sus costas han hecho de la cocina peñiscolena una de las más sanas y creativas de las costas mediterráneas. La pesca, muy ligada al arte culinario de la zona, se suele desarrollar con gran delicadeza y sensibilidad, es decir, con la misma sensibilidad que los cocineros los llevan al plato.

Podemos tomar como platos típicos de Peñíscola el “All i pebre” de rape, los mariscos, el “Suquet” de pescado, los dátiles de mar, las cigalas o los “cargols punxets”. No podemos olvidar tampoco las decenas de formas de cocinar el arroz que se tiene en la zona. Podemos probar estupendas paellas mixtas, marineras, paellas de bogavante o platos estupendos de arroz negro, “fideuà” o arroz caldoso.

Pero no sólo las exquisiteces marinas tienen importancia en Peñíscola. La dieta mediterránea también es famosa por sus verduras y hortalizas y es que este tipo de comida permite disfrutar de platos sabrosos y saludables.

En cuanto a los postres, no podemos irnos de Peñíscola sin probar los “flaons de Peñíscola”, es decir, un pastel de requesón y almendra, o tartitas del Papa Luna, que contienen almendra, naranja, requesón y miel. La fruta fresca es la alternativa saludable en cuanto a los postres.

Así pues, la gastronomía peñiscolense, provista de las distintas culturas y civilizaciones que se han desarrollado en el mediterráneo, es única, pero a la vez, muy parecida al resto del mediterráneo, donde los productos frescos de todo tipo abundan y hacen de su dieta una de las más saludables del mundo.

Foto Vía:rastrojo