Bora Bora, el paraíso existe

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Bora Bora es sin duda el icono de las vacaciones paradisíacas. No obstante, parece que por el hecho de ser muy prototípica o laureada, tenemos que pensar en no ir porque no se encuentran viajes baratos a este destino, en que es algo exclusivo y demasiado explotado. En este post intentaremos devolver las ganas o la buena imagen de Bora Bora para todos aquellos que poseen prejuicios contra ella.

Bora Bora es un atolón de las Islas de la Sociedad en la Polinesia Francesa. Se ubica concretamente al noroeste de Tahití, a unos 260 kilómetros de Papeete. Sus apenas 29 kilómetros cuadrados de extensión se sitúan encima de un volcán extinto que se encuentra rodeado por una hermosa laguna separada del mar por un arrecife que enamora a los submarinistas y cuyo monte más alto es Otemanu, de 727 metros, perfecto para una excursión por la selva.

Y es que en Bora Bora podremos hacer muchas actividades, aunque, cierto es, lo que más llama la atención y se disfruta es de estar, sin hacer nada, en sus magníficas playas de aguas cristalinas. Tan sólo un detalle: Bora Bora significa en tahitiano Primer Nacimiento, lo que lleva a pensar a un religioso que este lugar coincide con el que disfrutaron Adán y Eva en el paraíso original.

La isla fue colonizada por polinesios en el siglo IV y la redescubrió James Cook en el 1777. A mediados del siglo XIX se convirtió en un protectorado de Francia y hoy día su población apenas llega a los diez mil habitantes. La vista se hace todavía más bella gracias a que se halla rodeada de pequeños islotes alargados a los que se les llama «motus», donde se encuentran los hoteles principales y el aeropuerto principal.

Si además de visitar esta belleza natural y estar relajados todo el día sin tener nada en la cabeza, queremos conocer la cultura polinesia, podremos visitar los pueblos de Vaitape, Anau y Faanui. Se recomienda la visita a estas localidades sobre todo por sus alegres y llenos de colores mercadillos.

Así pues, Bora Bora es un destino completo al cual se le ha explotado demasiado como imagen o como paradigma, hecho que nos lleva a prejuiciarlo sin elemento serio alguno. El lugar, merece la pena.

Foto Vía: Marsilio